
Vocación anual
Hace una semana cuando he visto a personas de todas las edades llorando dentro y fuera de los templos religiosos en Sevilla con motivo de la suspensión de las cofradías, me he dado cuenta de lo integrada que está la vocación procesional en nuestro pueblo mariano,
Pueblo que mantiene sus raíces cofrades, a pesar de progreso, las nuevas tecnologías, y la apertura cultural, pueblo vocacional que lo mismo reza para que no llueva un viernes santo de madrugada, que saca en procesión a la imagen de su barrio para que llueva en tiempos de sequía.
Fe que mueve montañas, digna de elogiar en tiempos difíciles y mundanos, en los que igual se meten debajo del trono para cargar sobre sus espaldas los correspondientes 25 kilos del paso de su devoción, que obvian sus compromisos con la iglesia el resto del año.
Fieles que recurren a los santos que presiden sus aposentos cuando tienen un problema laboral, familiar o económico, pero que se olvidan de estos cuando el problema ha sido resuelto
Personas que claman al cielo cuando algún familiar querido sufre los designios de la madre naturaleza padeciendo alguna grave enfermedad, pero que no se inmuta cuando quien padece la misma enfermedad es alguien con la que no les une ningún lazo afectivo.
Estos son en consecuencia, aquellos que mantienen viva la tradicional costumbre de dedicarle sietes día al año a esta vocación en parte religiosa y en parte…….., como decía mi abuela, solo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena.
Por supuesto que no pretendo generalizar, pero los que no se encuentran entre estos seguro que piensan igual que yo.
Domingo González Pulido
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