
Según parece se ha multiplicado la venta de teléfonos móviles a consecuencia del avance tecnológico de estos instrumentos. De nuevo y cada vez mas, caemos en una sociedad de consumo arrastrados por el afán de presumir de vanguardista poseedores de unos chismes que reducen nuestros tiempos de tertulias, coloquios y amenas charlas que despierten nuestros sentidos y nos orienten en el camino de la cordialidad, de la confianza de la franqueza, y de la bondad, algo de lo que solemos escasear a consecuencia del alejamiento que produce nuestro enviciado sentido de la comunicación a distancia. Estamos sumiéndonos de nuevo en el pozo sin fin de un consumo desorbitado de unos artilugios que tienen un determinado servicio, pero que tratar de relegar el contacto directo, solo nos puede llevar a un alejamiento de las relaciones humanas de la que muchos somos añorantes.
Cuando aun estamos sumidos en un trances producido por una manifiesta y nefasta política economista del sistema, que nos ha inducido a consumir por encima de la capacidad social y económica de los paupérrimos sueldos a los que nos tienen sometido, bajo convenios apañados por los sindicatos lideres del país y que no tienen nada que ver con los sueldos blindados de los políticos, ni con los que cobran los trabajadores de los países desarrollados del resto de la Unión Europea, quieren dormidnos las conciencias reivindicativas, dejándonos llevar por una serie de objetos fabricados por empresas que no crean empleo entre los ciudadanos andaluces, al tiempo que la pesca, la construcción, la agricultura, la industria y el turismo andaluz derrapan hacia el vacío sin solución de retorno. Y todo esto, cuando ya se escuchan las trompetas de clausura de las ayudas europeas. Pero el pueblo no se lo quiere creer, y sigue mitigando su corto poder adquisitivo a unos caprichos que mas adelante no apaciguaran las necesidades vitales de supervivencia.
La historia, siempre se repite.
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