
En este complejo mundo donde todo parece posible aunque se salga de las más elementales normas de educación infantil, una parte de la sociedad tiene un afán incontenible de promocionar a sus hijos en el mundo del espectáculo, anteponiéndolo a la enseñanza educativa básica correspondiente a la edad de estos.
Hay programas de televisión donde los protagonistas son niños entre dos y diez años de edad, donde los padres se lo pasan bomba viendo como sus retoños expresan ante el público las dotes asumidas durante un tiempo robado al colegio o a los juego correspondiente a su edad, niños que algún día reclamarán a sus progenitores el tiempo perdido y dedicado al trabajo de promoción económica familiar.
Es incomprensible que cuando en los medios leídos se les sombrea las caras a los menores para no exponerlos a la visión pública, determinados poderes fácticos promocionen el arte flamenco infantil entre otros, para captar una audiencia responsable en la parte que les corresponde, del absentismo escolar, en lugar de presionar a las entidades publicas para que exijan a los padres de estos menores, cumplir con su responsabilidad de escolarización infantil obligatoria. Todos somos responsables por no poner freno al uso de estos infantes como espectáculo para unos, y desarrollo económico para otros.
Si el índice de promoción cultural de este país se basa en el absentismo escolar y en obviar la educación, la cultura y la investigación, está claro cual será el resultado.
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