
Una vez pasada la euforia de los mundiales de Fútbol parece que todo regresa a su estado natural, se habla mas de las vacaciones y de las calores que estamos pasando, de la próxima boda real, del triunfo de Contador y de Alonso, de la falta de seguridad, de los ruidos nocturnos, de las cosas banales que nos distraen mientras disfrutamos de una refrescante cervecita en el velador de turno.
Pero como es lógico los nostálgicos de antiguos recuerdos de tradición familiar, aprovechan las circunstancias para mantener en balcones y ventanas aquellos símbolos que aunque han tenido que renunciar al águila imperial apoyado sobre las columnas del plus ultra, no asumen el escudo constitucional ni nada que pueda demostrar que acatan la democracia como sistema político institucional y por supuesto mucho menos los colores de la esperanza y la paz de nuestra región.
De todos modos, no son solos los nostálgicos, aquellos que aspiran a imponer el sentir de sus antepasados, sino estos nuevos ricos, que con sus espectaculares subterfugios tratan de inutilizar y secuestrar nuestra identidad cultural y nuestra historia, para arrastrarnos a su sistema bipartidista y centralista.
No podemos dejarnos llevar por la euforia de un espectáculo, por muy gratificante que resulte destacar por encima de todo los países del mundo en determinadas actuaciones deportivas, cuando adolecemos de las carencias más vitales para una implantación laboral total, debemos de tener los pies en el suelo y rechazar las nubes de humos que tratan de nublar nuestro derecho a una vida social de pleno empleo.
Recobremos nuestros colores verde y blanco y aupemos entre todos, la libertad, la paz y la esperanza, el sueño del padre del pueblo andaluz, un pueblo que sus dirigentes tienen sumido en la ignorancia del despropósito y de la sumisión servil al régimen impuesto desde Madrid.
Domingo González Pulido
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