jueves, 7 de enero de 2010

Libertad para ver a Dios

Todos añoramos la libertad cuando no se tiene, ¿pero sabemos usarla cuando la tenemos? La verdad es que pocos somos los que sabemos donde termina nuestra libertad y donde comienza la de nuestros semejantes. En este País tenemos por costumbre obligar a todo el mundo a cumplir determinadas normas, por el solo hecho de haber formado parte de una costumbre veces voluntarias, veces obligadas, por ejemplo: si no te bautizaba, hacia la primera comunión, o te casaba por la iglesia, perdía todos los derechos, los colegios concertados no te admitían, te ponían trabas para darte trabajos, y por supuesto no había opción de conseguir una vivienda, esto pasaba no hace mucho tiempo, pero lo peor de todo esto es que a los treinta y cinco años de haber conseguido instaurar la democracia y la libertad, seguimos persiguiendo a todos aquellos que no quieran seguir las directrices marcadas por los poderes fácticos del estado, sin darle ocasión de expresar sus criterios de la vida y de sus razones para no seguir los designios marcados por los añejos legajos de unas tradiciones auspiciadas por una minorías absolutistas y autócratas. Aquel que pretenda conseguir por igual, la libertad de religión como la libertad de ser agnóstico, recibirá el menos precio de una sociedad mal llamada católica, ya que no ejerce como tal, puesto que no cumple las reglas establecidas, y por supuesto porque solo usan la fe c u ando ven que se les apaga la vida y pretenden comprar la gloria haciendo donaciones a la iglesia. No está mas cerca de Dios aquel que nació lo bautizaron y lo llevaron de la mano a las funciones religiosas por tradición familiar y cultura nacional, sino aquel que se crió libre de toda presión y dedica su vida al servicio de una sociedad oprimida y castigada por un mundo lleno de injusticia, estos, por supuestos estos, no me cabe la menor duda que si verán a Dios.

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